21.6 Ilustres cagadas (VI)

 


 Un problema de fechas

Pudiendo hacer las cosas mal, ¿para qué hacerlas bien? Como quiera que la Industria Alimentaria no es para nada exigente, a un cliente se le envió un éster que sirve para endurecer la manteca con la fecha de caducidad ya pasada. Pero no es que estuviera fabricado hacía dos años, no, algo mucho más tonto: las fechas de producción (y por tanto, las de caducidad) se introducen a mano en el sistema cuando se cierra una orden de fabricación, y el propio sistema las imprime en los sacos y en los palés. En este caso, en por los menos dos palés de producto (2 TM, unos 80 sacos), se introdujo la fecha de fabricación como fecha de caducidad (error humano) y por supuestísimamente, cuando llegó al cliente, el producto estaba teóricamente caducado. Si alguien de Planta Ésteres se dio cuenta del error, no se lo dijo a nadie, pero el cliente fue lo primero en lo que se fijó. Cuando puso el grito en el cielo, la respuesta fue que no, que era producto recién fabricado y que el error era del etiquetado, que el cliente podía utilizar el producto sin problemas. Pero claro, el cliente le dijo a Froilán que si le hacían una inspección de Sanidad y lo veían, les crujían de forma inmisericorde, por lo que exigió la retirada y la reposición inmediata del producto… ante la incomprensión de Fábrica, a quien le parecía que el cliente se la estaba cogiendo con papel de fumar. Esta forma de pensar, que deriva infaliblemente de la época del Emérito y que busca soluciones cutres en lugar de darse de patadas en el culo por haber rotulado mal un producto de uso alimentario, era a menudo la causa de muchos problemas, a la par que explica por qué nos iba como nos iba.

 

Nunca segundas partes…

Hay una Compañía bastante seria, perteneciente a un grupo multinacional (como StiCazzi) que se dedica a hacer resinas para piezas de automóvil y utiliza en el proceso cantidades respetables de estearato de zinc y de calcio como desmoldeantes. Pero el quid de la cuestión es que la calidad debe ser, por lo menos, estable (en este caso concreto, nuestro producto no tenía idéntico comportamiento entre lotes diferentes). Cuando Jaimito llegó al gulag, dicha Compañía hacía años que no nos compraba, a causa de un pifostio monumental acaecido entre 2011 y 2012, en que el cliente tuvo una reclamación (de 200 k€) que no pudo achacar directamente a nuestro producto, pero sí por eliminación (fue cambiando componentes hasta que, descartando el nuestro, volvió la normalidad). Obviamente no nos pudo empapelar por ello pero dejó de comprar de inmediato. Pese a los esfuerzos invertidos, no fue posible revertir esta situación hasta 2022 en que, debido a la ya mencionada inundación de la fábrica de un competidor (y habiendo transcurrido 11 años), esta vez Froilán consiguió introducir la patita y rehomologar. Se sirvió un pedido, se sirvió un segundo y el cliente nos informó de que había recibido sacos con 19 kg (¡vaya!) y que además había encontrado picos (de sustancia endurecida, cuando el producto tiene que ser polvo fino) que le atascaban los filtros y (¡qué inocente!) nos preguntaba por nuestro sistema de filtrado. Angelico. Todavía no ha vuelto a dejar de comprar, pero es cuestión de (muy poco) tiempo.

 


Según nuestro inefable sistema de calidad, estos dos lotes del mismo producto están OK.

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