21.5 Ilustres cagadas (V)
Se ha hablado de paso de un par de incendios que fueron el detonante de la defenestración del Emérito, pero vale la pena detenerse un poco en el qué y el cómo.
La grasa que se usa como materia prima es sólida a temperatura ambiente, por lo que hay que llevarla a planta calentada a 65.ºC o más para poderla bombear a los depósitos y, en general, todos los procesos requieren mover material caliente de un lado para otro de la planta mediante tuberías que deberían ser de acero inoxidable y calorifugadas, pero eso requiere dinerito y un mantenimiento correcto… que no es el caso.
El ingeniero jefe (Antoni Revetllat) que supervisó el maqueado de la planta post-Emérito, y que después se largó a toda velocidad (uno que fue listo) contaba a radio macuto fuera de micro que habían cambiado centenares de metros de tuberías que, de tanto uso, tenían ya la consistencia del papel maché, y que quedaban por cambiar muchos centenares más (que obviamente no se cambiaron cuando él se fue). Junten ustedes tuberías hechas polvo y grasa a alta temperatura y tendrán una excelente receta para el desastre.
En los casi ocho años que Jaimito pasó en aquel gulag, hubo no menos de media docena de incendios o conatos de incendio, a los que radio macuto se refería mordazmente como “barbacoas” para no infringir las estrictas directivas emanadas de la augusta Emeritud. La primera que viene a la mente tuvo lugar en un tanque de breas (los residuos que quedan de la grasa cuando ya se le ha extraído todo lo de valor), lo que no deja de poner de manifiesto la estulticia de los mandos: dado que se trata de un producto combustible (y ya que no se las quería desniquelar para valorizarlas; ¿he dicho desniquelar? ¡Anatema!), si se hubiera montado una pequeña instalación de cogeneración se podrían haber utilizado como combustible, ahorrando en la factura energética a la vez que quitándonos de encima un residuo. Pero claro, una y otra cosa costaban dinerito, que estaba mucho mejor en los bolsillos de la plana mayor (que, como accionistas, se embolsaban más pasta cuanto menos inversiones se hacían) que invertida en cacharros.
Por cierto, según información recopilada por radio macuto, nuestras breas tenían un bonito contenido en níquel de 20.000 ppm (una burrada), mientras que otro fabricante español a quien tratamos de mindungui mesetario (porque es pequeño y no tiene el pedigrí de DESASTRE S.A.), sólo tiene 800 ppm (lo que es más o menos normal). Nada más que alegar, Señoría.
La segunda barbacoa se quedó en un conato, pero lo que se averió fue el regulador de la pseudoetapa de destilación y se puso a 400.ºC, lo que provocó la huida desaforada del técnico italiano que el ingeniero había puesto para verificar que todo iba bien, al grito de que a él no le pagaban lo suficiente como para hacer de bombero. Tuvo que ir Carmelo Jovellanos y subirse a lo más alto del cacharro (sí, el que estaba a 400.ºC) para controlar la jugada y que no pasara de un simple susto.
La tercera, sin embargo fue un incendio en toda regla, que afectó al cuadro eléctrico de la destilación, y subió por la regleta de cables hasta el segundo nivel, haciéndolo arder todo a su paso. Aquí tuvieron que intervenir los bomberos, que tardaron un buen rato en apagar las llamas y dar por terminado el incidente. El problema es que, si bien la parte metálica de la instalación (tuberías y reactores) no resultó demasiado afectada, ardió buena parte de la instalación eléctrica y hubo que arrancar todos los cables, cambiar los cuadros, etc. En fin, cuatro meses sin destilar ni una gota de grasa. Hubo más barbacoas, pero ninguna como esta.
Un lunes del mes de abril de 2023 llegó la noticia de que el fin de semana había habido otra barbacoa en Planta Grasos, por lo que Planta estaba seca y volvían los viejos tiempos de salir a mendigar estearina por los posibles proveedores en plan: “Dame argo, payo, dame argo”. Como quiera que para la semana toda la grasa debía estar adjudicada, ya tenemos a Jaimito preparando una lista de clientes a los que llamar para decirles que su pedido se iba a retrasar (más). Así es la vida en DESASTRE S.A., una juerga continua.