7.0 I+D, Calidad y Regulatory
El I+D
Pese a tener personas de valía contrastada (Gentzen y Catalina hasta que se fue, sin ir más lejos), lo que pasaba por I+D en DESASTRE S.A. era asimilable a lo mejor que pudiera verse en el África subsahariana, con material desvencijado y, lo que es peor, que el equipo humano siempre estaba más enfrascado en apagar fuegos (no siempre metafóricos) que en buscar productos nuevos que distinguieran a la Empresa de la competencia. Valgan como ejemplo los estabilizantes del garçon (se ocupaba de ellos casi en exclusiva, sinónimo de no dar palo al agua), en que su gloriosa estrategia de mercado era la siguiente: 1) identificar un cliente con un potencial de camión completo (unas 20 TM); 2) obtener una muestra del estabilizante de la competencia que el cliente utilizaba, de unos 100 g, por lo civil o por lo criminal; 3) practicar ingeniería inversa con la muestra (o sea, fusilarla groseramente); y 4) ofrecer al cliente un contratipo (manera fina de decir copia estilo chino) más barato. Semejante estrategia era obviamente de vuelo gallináceo, porque los competidores serios tenían media docena de formas de recuperar el cliente, pero así el garçon justificaba tener una fabriquita (la capacidad de Planta Estabilizantes era irrisoria en comparación a las demás) para él solito, con la que jugar a las cocinitas.
Calidad y Regulatory
En otra parte se explica la gloriosa auditoría que hizo a DESASTRE S.A. una conocida farmacéutica, pero es que lo del Departamento de Calidad (a quien también le caían los incontables papeleos de Regulatory) era de traca y pañuelo. Estaba compuesto de una sola persona, y en ocho años pasaron por aquel puesto hasta cuatro compañeras diferentes, porque la faena no es que quemara, es que abrasaba. Para empezar, Calidad no tenía potestad para echar atrás una fabricación y obligar a repetirla, por mal que hubiera salido. Cuando se metía la pata hasta el corvejón y el producto era infumable, Laboratorio informaba a Dirección y normalmente se emitía un ‘OK’ para que el mierdaproducto saliera tal y como estaba, pero falseando el certificado de Análisis (más sobre esto más adelante). Obviamente, sin informar a Calidad (¿para qué?) y así todos felices y contentos.
Para continuar, y durante bastante tiempo, el puesto tenía sólo dedicación parcial (manda huevos) y la misma persona tenía además que ir a la balsa de los efluentes (caritativamente llamada “depuradora”) para controlar que no se vertiera a cauce público más mierda de la autorizada (¿Se ha dicho ya que la Inspección de Industria del Gobierno autonómico necesita una buena revisión ocular?) por lo que, si había un problema, la mitad del tiempo era imposible localizar a la susodicha, que estaba doblando como peón en la depuradora.
Pero es que además, y como quiera que se fabricaban excipientes farmacéuticos (resulta embarazoso explicar cómo), se recibían peticiones de información técnica de todos los clientes Farma, que eran un montón y pedían montones de papeles de forma continua. Para situarnos, un pequeño laboratorio farmacéutico español o checo, que compraba quinientos kilos al año (o sea, muy poco) de estearato de magnesio podía tener media docena de personas en Regulatory, que justificaban sus sueldos pidiendo incesantemente información a los proveedores, sobre todo lo divino y lo humano. DESASTRE S.A. tenía a una sola persona (Lourdes Rincón, en la última época), que tenía que hacer malabares entre la Calidad (¡juas!) y el Regulatory (la balsa igual ya no) y que, honestamente, hacía lo que podía. Jaimito intentaba no echarle tierra encima y, siendo químico, solía rellenar lo más sencillo del papelamen, pero había muchas cosas que no sabía o que no hubiera sido juicioso firmar, por lo que las (muy a menudo extravagantes) peticiones de los clientes Farma se acumulaban semanas y, en el peor de los casos, meses, con el consiguiente cabreo de los mismos.
Eso cuando algún cliente no pretendía que se le firmara un acuerdo de calidad, lo que estaba terminantemente prohibido porque, claro, eso vincula legalmente y en DESASTRE S.A. se huía como de la peste de cualquier cosa que luego permitiera a los clientes llevar a la Empresa a los Tribunales.
Pero, ¿por qué tantos problemas de calidad? Hombre, el estado de la planta no ayudaba mucho, pero uno de los factores principales era la miseria que exhibía el Emérito a la hora de comprar materias primas. Ya se ha dicho que el grueso de la materia prima era grasa animal o vegetal, normalmente más de la primera que de la segunda (por cuestión de precio). En este caso, y por orden de calidad, la grasa animal podía ser básicamente sebo porcino (alias manteca), sebo vacuno o grasa animal técnica (el infame GAT); hay cosas peores (y a veces el Emérito las compraba) y más baratas, pero la experiencia demostró que utilizarlas era lo mismo que jugar a la ruleta rusa con todas las balas en la recámara. Teóricamente, después de destilar e hidrogenar no debería haber mucha diferencia en la estearina resultante, pero a la vista de nuestras carencias en destilación, cada vez que se cambiaba de materia prima, cambiaban los parámetros. Obviamente, la calidad de una materia prima se refleja en el precio y a la hora de comprar no se compraba todo de lo mismo sino que se hacía un mix para ajustar los costes (siempre a la baja) y las respectivas Plantas hacían lo que podían con lo que les tocaba: si había que hacer un producto de cierto compromiso, se abstenían como de la peste de utilizar determinada materia prima, porque era una receta para el desastre. Aun así, a veces no había otra, por lo que me imagino a Anselmo o Meritxell dando la orden de fabricar con "aquello" tras cruzar los dedos y rezar fervorosamente a todo el santoral. ¿Y qué decía el Emérito de estas circunstancias? No consta que se le diera un ardite, de hecho, el episodio del crudo de palma, que se explicará más adelante, es una muestra palpable.