21.9 Ilustres cagadas (IX)

 


 Nunca primeras partes fueron buenas

La Cosmética es un negocio delicado, totalmente inadecuado para los comportamientos de toro en cacharrería de DESASTRE S.A. Esto se puso de manifiesto cuando un cliente estratégico (una multinacional del cuidado capilar, entre otras cosas) decidió hacer caso a los insistentes intentos de Jaimito por ganar cuota como suministrador, y en una licitación le concedió un tonelaje nada desdeñable en su planta luxemburguesa. Hacía años que se le suministraba (más bien poco) a la planta española (y por eso había pocos problemas) pero al empezar con Luxemburgo la mierda empezó a subir rápidamente en dirección al ventilador. Primer pedido (1 tonelada): rechazado por advertirse sacos rotos dentro del enfilmado. Fábrica juró y perjuró que el producto había salido bien de allí; ya, ¿y la suciedad de la parte superior del palé, que apuntaba a producto fabricado el año pasado y almacenado en condiciones indignas? Primer aviso del cliente: se nos recordaba que la planta luxemburguesa era de especialidades cosméticas y que se esperaba recepcionar producto que cumpliera con las normas de la Cosmética. Se retiró el palé y se cambió por otro, y esta vez el transportista se dio cuenta de que había otro saco roto por lo que se le pidió que lo quitara y que reenfilmara el palé. Comentario del cliente: el producto había llegado amazacotado, mientras que se suponía que debía ser en polvo. La pregunta ahora es: ¿cuántas cagadas más aguantará el cliente antes de enviarnos al guano? Las apuestas dicen que no llegamos al verano.

Después de estarnos toda la vida sin vender en un conocido fabricante de marcas blancas de Cosmética sito en La Mancha, y esta vez gracias a una gestión inicial de Filemón (seguida de varios meses de picar piedra por parte de Jaimito), homologamos un éster de pentaeritrita. Primer pedido: nuestro palé no les entra en la estantería y rechazan la entrega. Hay que paletizar a 500 kg, por lo que se pide la apertura de un código de producto nuevo, que aún no está activo, y el cliente esperando. ¿Hasta cuándo? No deje de ver el próximo episodio.

Tras múltiples gestiones por parte de Jaimito, se consigue activar el código, paletizar a 500 kg y enviar al cliente. ¡Meeeeeeeeeeeeec! Sacos rotos en el primer envío. ¡Meeeeeeeeec! Sacos rotos en el segundo envío. Una de las últimas gestiones de Filemón antes de ser defenestrado fue organizar una prueba con sacos más recios y un mejor enfilmado para reducir el problema de los sacos rotos y de paso el de los palets tumbados. Tras dos meses de probatinas, seguimos en la casilla de salida.

 

La bronca alemana

Cierta vez, y con motivo de una visita a clientes alemanes en la que el garçon colocó a Jaimito a Edson de carabina, había que visitar a un cliente grande, una de las mayores multinacionales de la química, a quien el garçon vendía un éster de glicerol para la planta española, sita en el litoral Mediterráneo. El encargo era, ostensiblemente, para tratar de vender también en Alemania aprovechando el tirón de las ventas en España. Así que los dos se fueron para la cuenca del Ruhr a entrevistarse con la compradora alemana, con la que Jaimito tenía una relación cordial (pero sin vender un clavel). A la reunión se presentó la susodicha, acompañada de su jefe quien, tras las presentaciones iniciales y cuando se empezó a hablar de producto, empezó a chorrear apoteósicamente al dúo comercial español a cuenta de problemas de calidad en los suministros a la planta española, lo que hizo imposible ni siquiera intentar hablar de suministrar producto en Alemania. Al parecer, DESASTRE S.A. lo estaba “dando todo” en sus suministros, con el habitual recital de retrasos en la entrega, mala calidad de producto, etc., por lo que el caballero, privado de reprender al garçon (que era el responsable de la cuenta en España) aprovechó la visita para desahogarse. Y a fe que lo hizo a fondo. Salían Jaimito y Edson en dirección al coche de alquiler mirándose a las caras y preguntándose qué podían haber dicho para provocar semejante chorreo, sin darse cuenta de que pagaban cuentas ajenas. Cuando ambos hicieron el informe de visita, el garçon puso cara de no entender nada. Era así de cínico.

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