21.8 Ilustres cagadas (VIII)
Y otra más
Otro de los productos gloriosos de la casa era un trioleato de trimetilolpropano que, pese al nombre rimbombante, no es sino un componente de base para lubricantes sintéticos. A una Empresa muy conocida (que ya nos había deshomologado hacía tiempo un oleato de 2-etilhexilo para una aplicación similar y por un motivo similar) le enviamos en marzo un lote de producto prácticamente transparente y en junio otro lote color té de melocotón. El cliente (obviamente) dijo que aquello no era aceptable y la inefable respuesta de DESASTRE S.A. fue que ambos lotes estaban dentro de especificaciones (en interno, laboratorio explicó que uno estaba fabricado con oleína bidestilada y el otro no, pero eso no se le podía decir al cliente). Resultado: el cliente nos dijo con buenas palabras que, si para nosotros ambos lotes eran correctos, no éramos un proveedor con el que les interesara trabajar.
Según nuestro inefable sistema de calidad, ambos lotes del mismo producto están OK.
El precursor del AdBlue
En los albores de la humanidad (es decir, antes de 2009), antes incluso de que Crispín Bander ocupara la (a veces muy incómoda) silla de Export, cuenta radio macuto que se vendía un estearato de sorbitán como aditivo para el gasoil, con el fin de que sobre todo los autobuses no emitieran el característico humo negro de la mala combustión del gasoil. Al parecer, las primeras pruebas fueron excelentes y se empezó a enviar producto en cantidad… hasta que una de las periódicas variaciones de calidad paralizó la mitad de la flota de autobuses de Francia. ¿Hace falta decir que la cosa acabó como el rosario de la aurora?
