21.7 Ilustres cagadas (VII)
Ironías del destino
Una gran multinacional de la química propiedad de un país petrolero tiene una fábrica de plásticos en el sur de España, que utiliza unas 200 TM/año de un éster de pentaeritritol que no se nos daba mal fabricar. El problema estaba, como siempre, en nuestra irregularidad de suministro, que hacía que el cliente pasara un pedido para un día en concreto (a veces con un par de meses de antelación), que nosotros no dijéramos ni mu, y llegado el día, el cliente llamara para ver qué había de lo suyo y le dijéramos (¡uy, qué cosas!), que su camión acabaría llegando algún día o, en el mejor de los casos, en un par de semanas, non ti preocupare. A nadie maravillará que la casa madre (sí, el petrolero en persona) nos incluyera alegremente en una lista negra de suministradores que no suministran y desde entonces el Cuartel General italiano de la empresa se negara a cogernos el teléfono. En estos casos, la reacción del Emérito era de patio de colegio: hacía que el pobre comercial responsable del cliente le llamara (o intentara llamarle) cada día (y lo anotara en una agenda) y/o le enviara un E-mail diario para lo mismo. No debía saber que los smartphones tienen una divertida función que se llama “bloquear spam”, igual que las cuentas de correo.
Tras múltiples (y a veces, rocambolescas) gestiones por parte de Jaimito, se reanudó el contacto con la gran multinacional (que, al parecer no es ninguna bancarella de zingari) que seguía interesada en el citado producto, para unas 2.000 TM/año, pero con origen vegetal, para uso en Asia. Esto ya era más complicado, porque el susodicho producto hecho con vegetal hubiera tenido un punto de fusión relativamente bajo (alrededor de 40.ºC) y nadie garantizaba que una partida fabricada en verano y metida en un contenedor durante un mes o más se reblandeciera y llegara a destino hecha un mazacote. Eso hizo al garçon protagonizar un interesante intercambio de opiniones con Jaimito, en el que demostró que su nivel de conocimientos químicos era, no ya cero, sino que andaba por magnitudes negativas, mientras Jaimito intentaba explicarle que, aunque químicamente se llamara igual, la diferencia de origen en materia prima hacía que funcionara diferente. Ni siquiera funcionó el comodín de la llamada (a Gentzen le consultaba cada día un promedio de media docena de veces temas técnicos; vamos, un ‘Adalberto, ¿qué hacemos?’ pero al revés). Total que el cliente quería hablar de su libro (el producto en base vegetal para Asia) y nosotros no queríamos hablar de su libro sino de la planta española de aquella gente, donde todavía se usaba producto base animal (y donde el responsable de compras tenía memoria de elefante y aún se acordaba de reclamaciones de 2011 por retrasos en las entregas; ¡los hay rencorosos!). Resultado neto: cero.
Pues bien (¿justicia poética?), quiso el destino que esa misma empresa formara parte de un grupo inversor que tomó recientemente un 20% de la propiedad de StiCazzi, probablemente porque pretenden aprovechar sinergias. Puede ser una risa cuando los responsables europeos descubran que, entre lo que han comprado, está la Empresa antes conocida como DESASTRE S.A.
Más listas negras
Un fabricante español de insecticidas solía comprar un estearato de sorbitán como emulsionante. Cierta vez pasó pedido de un contenedor completo (un pedido de campanillas) para una licitación en el extranjero, que obviamente tenía fecha límite de entrega, puesto que luego el producto debía viajar a la otra punta del mundo. Bueno, pues sabiendo eso y sabiendo que era un pedido grande que había que fabricar expresamente, la columpiada fue la usual, el producto llegó (como se dice en catalán) a mises dites y el cliente se tuvo que comer una penalización de mil pares de cojones por el retraso. Obviamente, no compraron más y, al cabo de unas cuantas embarazosas llamadas por parte de Froilán, la responsable de compras del cliente le dijo que habíamos sido incluidos en la lista negra.
Lo mismo sucedió con otro fabricante español, esta vez de anticongelante, que compraba glicerina para maquilársela a un gran consumidor. En este caso, el modus operandi fue el mismo que más arriba: nos pasaron el pedido, entregamos cuando nos salió del forro de los caprichos, nuestro cliente tuvo que pagar una fuerte penalización a su cliente y nosotros acabamos en la lista negra. Si fuera posible revisar las listas negras de los grandes de la Química en España, en Italia y en muchos otros lugares, DESASTRE S.A. seguramente ocuparía un lugar de honor.