21.4 Ilustres cagadas (IV)
Los ésteres a maquila
Por raro que parezca, a veces algún colega (español o extranjero) preguntaba si le podíamos hacer a maquila (fabricar un producto para un tercero) algún producto en concreto que a él le resultaba fatigoso o molesto. Supuesto que fuera técnicamente posible (porque no es que Fábrica diera para muchas filigranas), todo dependía de las ganas que tuviera el Emérito de hacerlo, de la carga de trabajo que hubiera en aquel momento y, si el producto se hubiera tenido que hacer en Planta Ésteres, de si aquello jugaba a favor o en contra de los intereses del garçon (de los suyos propios, a él los de la Empresa le traían al fresco).
Pues bien, hacia 2016, un conocido fabricante valenciano de especialidades químicas, propiedad de una empresa coreana, y de quien no éramos competencia directa porque fabricaba ésteres de calidad, no como los nuestros, nos preguntó si le podíamos maquilar unos ésteres de glicerina no excesivamente sofisticados (de ahí que nos lo pidiera a nosotros), de uso cosmético. Estamos hablando de 200 TM/año de dos grados diferentes y de unas 20 TM/año de otro, es decir, ninguna broma. Por alguna razón desconocida, el asunto no le hizo tilín a la plana mayor, que en lugar de decir “no” directamente, se dedicó a marear la perdiz (sin decir ni sí ni no), hasta el punto de que el colega llamaba cada semana a ver qué había de lo suyo y Froilán (que por entonces llevaba el asunto) ya no sabía qué contarle.
El asunto decayó por aburrimiento del cliente pero, cuando Jaimito heredó los temas de Cosmética en 2018, Filemón se acordó del asunto y (sin saber de la misa la mitad) le encargó que lo reviviera. Aquél se puso manos a la obra, visitó al colega, y ya de entrada se dio cuenta de que algo olía a podrido. El mundillo de la química no es tan grande (no hay ningún memorial al químico desconocido porque aquí nos conocemos todos) y le sorprendió el tono cortés pero distante con que le obsequiaron sus interlocutores al relanzarles el asunto de los ésteres. No se puede decir que le mintieran: le dijeron a bote pronto que “íbamos tres años tarde”, pero obviamente imperó la cortesía profesional y se abstuvieron de echarle a patadas. El asunto dio vueltas un par de años, con envío de muestras y ofertas de precios hasta que llegó la pandemia, y a partir de entonces le dieron largas directamente (como había hecho DESASTRE S.A. anteriormente) hasta que Jaimito consiguió trincarles en una feria, con Filemón delante, y éste se tuvo que oír en vivo y en directo lo mismo que le habían dicho al otro la primera vez, que íbamos tarde (por entonces los años de retraso acumulados ya eran seis) y (con cortesía coreana) que dejáramos de darles la lata. Menos mal que era la casa madre la que era coreana, porque la patada de taekwondo flotaba en el ambiente. Ahí se fue al guano un negocio que hubiera podido dar unos 120 k€/año, por obra y gracia de la desidia de quienes ordenaban, mandaban y firmaban en aquel antro (y nuestro amigo Filemón se dio su primer baño de realidad sobre el garito que se suponía estaba dirigiendo; hubo más).
Los sacos rotos
Ya he hablado antes de los eternos problemas con los sacos, que sobresalían un dedo de los palés y por lo tanto eran muy vulnerables al roce de la carga y descarga pero, ¿por qué sobresalían? No es fácil de explicar pero vamos a intentarlo.
Veamos: los sacos de producto sólido pueden llevar como máximo 20 o 25 kg (que es lo que puede alzar y manipular un operario sin deslomarse; hay una norma internacional que lo regula). Como quiera que eso de utilizar palés europeos (80 cm de largo por 120 cm de ancho) es una mariconada, se usan palés de 100 x 120 en Planta Ésteres y de 114 x 114 en Planta Estearatos para optimizar la carga, que en el primer caso no está mal (caben 40 sacos de 25 kg, es decir, una tonelada), pero en el segundo es bastante cutre porque paletizábamos 28 sacos de 20 kg, es decir 560 kg y había que remontar dos palés para tener 1.120 kg. ¿Y por qué? Porque el robot de Planta Estearatos era de cuarta mano y su programación no daba para hacer palés normales de una tonelada (no llegaba a la altura necesaria). Además, el anacrónico molino de dicha planta se rompía semana sí y semana también, con lo que la calidad del molido variaba y por lo tanto variaba la altura de los sacos una vez llenos. Más de una vez hubo que enviar un contenedor a Oriente Próximo con (mucho) menos producto de lo habitual porque los palés no cabían en altura por las puertas del contenedor (producto mal molido = sacos más altos). Esto, que puede parecer un mal menor, para el cliente es una putada porque paga el mismo transporte por muchos menos kilos (a veces, sólo 16 toneladas en lugar de 22, un 30% menos). Si además (como pasa mucho en Export) hemos hecho prepagar al cliente, se pone aún más contento.
Eso por no hablar del enfilmado. Una vez paletizas los sacos, se suele colocar sobre el palé una funda de plástico que luego se retractila (mediante calor) para dar solidez al conjunto y que viaje con garantías al otro lado del mundo. En nuestro caso, ver una hilera de palés de la competencia al lado de una de los nuestros era un ejercicio de vergüenza ajena: parecían el ejército de Pancho Villa. Cuando Jaimito empezó a hacer crecer al revendedor alemán, tuvo ocasión de visitar su almacén, donde había palés de producto de fabricantes serios… al lado de los de DESASTRE S.A. La vergüenza ajena fue tal que no supo dónde meterse.
Para rematar la cuestión: un saco de cualquier producto de DESASTRE S.A. venía a venderse por entre 20 y 40 €. Cuando se ponía al lado de un saco de arena para gatos, que se vende por 79 cts. y veías la diferencia en solidez y prestancia del saco de arena frente al otro, te entraban ganas de llorar.
