21.3 Ilustres cagadas (III)
El contenedor de Egipto
Ya se ha explicado que nuestros procesos administrativos eran liosos, en parte porque el sistema de gestión era decimonónico, pero a la vez tenía trampas que podían complicarle la vida al más pintado. Durante la baja maternal de Martina, en su lugar pusieron a una sustituta (Sonsoles Campamá) que era buena chica, pero que se enteraba de muy poco (y encima no preguntaba). Un agente de Egipto pidió precio y a continuación una factura proforma (que es el paso previo a que el cliente abra una carta de crédito) a cuenta de un pedido de 20 TM de estearato de calcio para un cliente suyo de tuberías muy baratero. Resulta que para el “modernísimo” sistema de gestión de la Empresa, una proforma es como si fuera un pedido en firme y nuestra amiga abrió un pedido en lugar de una proforma. Como quiera que hay que liberar de crédito para tramitarla, ella pidió permiso como proforma y como tal se lo liberaron, pero en realidad habíamos aceptado un pedido inexistente sin instrumento de pago alguno que lo amparara. A todo esto pasaron un par de semanas y, al perseguir al agente para que enviara el pedido, éste dijo que el cliente había desistido de nuestra oferta por haber recibido una más económica. Sin pedido de cliente, la proforma decae al cabo de una semana, por lo que Jaimito dio carpetazo al asunto.
Pero él no sabía (su acceso al sistema era limitado) que se había generado un pedido en firme y que lo habían liberado de crédito, así que Fábrica lo puso en marcha, se buscó barco y pa’lante. En un momento dado, con el barco ya a medio camino de Alejandría, alguien se dio cuenta del pifostio y se encendieron todas las luces de alarma. Vuelta a contactar con el agente, oferta de rebaja de precio si el cliente se quedaba la mercancía, nervios generalizados, chorreos del Emérito y del garçon a cuatro manos y al final otro cliente se quedó el producto a precio de peloputa (pero sin que se palmara pasta, gracias al soplado), ante el alivio generalizado de todos.
El producto de alimentación animal
Hacia 2015 tuvo lugar un divertido suceso, en el que el Emérito y el garçon se emperraron en fabricar un éster para alimentación animal destinado a un cliente de peso (160 TM/año). El problema es que el proceso utilizaba un catalizador a base de níquel y no había etapa posterior para capturar el exceso (por cierto, sigue sin haberla), por lo que el producto final salía con una burrada de partes por millón (ppm) de níquel residual, mucho más de lo que permite la norma de alimentación animal. Pero, evidentemente, esto no detuvo a nuestros intrépidos aprendices de brujo, que le enviaron al cliente (un grupo químico multinacional) una primera partida… a lo que el cliente respondió devolviendo el níquel residual en una bolsita (se ve que él sí tenía modo de detectarlo y separarlo). Como quiera que el Emérito se negó a reconocer que lo de la bolsita era níquel, el cliente puso a DESASTRE S.A. en su lista negra (como muchos antes y muchos después) y jamás volvió siquiera a contactar.
Por cierto, lo del níquel le costó a Jaimito una (otra) bronca del Emérito puesto que, siendo de Ciencias y creyendo que las cosas se tienen que hablar para que se entiendan, osó conjugar el verbo “desniquelar” (o sea, eliminar el exceso de níquel) ante éste, que se puso verraco instantáneamente, farfullando estupideces de grueso calibre. Desde entonces, el citado verbo fue incluido en la lista de palabras censuradas en DESASTRE S.A., no fuera que alguien le cogiera gusto a utilizarlo.