21.2 Ilustres cagadas (II)

 


Los aglomerados

Hay un producto, un estearato de zinc molido fino base sebo (de Planta Estearatos), que se vende a muchos clientes para la fabricación de lacas y barnices para la madera (sin ir más lejos, una famosa estantería de un conocido fabricante sueco está barnizada con ello). Normalmente se vendían centenares de toneladas de dicho producto sin problemas…pero una vez en Italia, cuando un fabricante de barnices para madera cliente de Froilán mezcló el producto con tolueno para dispersarlo (como hacía habitualmente), el producto gelificó en el depósito y en las tuberías, parándole la planta, y le obligó a quitar la masa resultante a martillazos. Aquí tuvimos la habilidad de callar, negociar y pagar. La cosa salió por 15 k€ (al principio pedían 25 k€). Inicialmente, nadie se atrevió en Planta a decir qué había pasado, pero después radio macuto pudo averiguar que habían utilizado un estearato de zinc molido de Planta Ésteres (en lugar de producto normal de Planta Estearatos), a sabiendas de que podía ir mal. Pues mira por dónde, fue mal. No se podía de saber.

 

El crudo de palma

En mitad de la pandemia y todavía bajo la batuta del Emérito, éste compró muy barata en lugar de aceite de palma calidad RBD (= refinado, blanqueado y desodorizado) una mierda infumable llamada crudo de palma, que viene a ser lo mismo, pero sin el RBD. El proceso de desdoblado e hidrogenado debería compensar buena parte de lo que le faltaba al producto… si la destilación fuera buena, que no es el caso. Así que se usó alegremente y, para aplicaciones técnicas, no hubo excesivos problemas pero claro, en las aplicaciones cosméticas, el éster resultante literalmente hedía como a tabaco, o a humo, y más de un cliente se lo tiró a la Empresa por la cara metafóricamente hablando (o no). Hubo reclamaciones desde Serbia hasta el rincón más profundo de Oriente Próximo. Y es que además, bastaba con oler nuestro producto para entender que con aquello no se podían hacer cosméticos. Pero como el olor no figuraba en especificaciones, el garçon podía negar plausiblemente que el producto las incumpliera. Es así de imbécil.

 

Más problemas de olor

En un incidente muy parecido al de arriba (tanto, que al principio parecieron estar relacionados), un cliente de Europa del Este se quejó de que (otra vez) un éster de glicerina para uso cosmético olía muy fuerte, más que el grado equivalente de la competencia. Aquí estaba implicado el mismo revendedor y los mismos clientes que en el caso del crudo de palma, por lo que se encendieron todas las alarmas e incluso el I+D del Grupo y el (fantasmagórico) VP Sales tomaron cartas en el asunto, discutiendo la reclamación en un mitin presencial en Fábrica. Se consiguieron muestras de sendos productos de la competencia para comparar, e I+D llegó a la conclusión de que, incorporando un arrastre de vapor al proceso, se podía eliminar buena parte del olor. Se prepararon, no una sino dos muestras del producto mejorado, que olían menos que el producto estándar, pero que en comparación con el producto de la competencia seguían siendo imposibles de colocar como materias primas para cosmética. Se enviaron al revendedor y al cliente pero, obviamente, ni solucionaron el problema, ni hicieron gran cosa por restaurar la imagen de la Empresa en aquel mercado. Un caso de manual de: “Manolete, Manolete, si no sabes torear, ¿pa qué te metes?”. 

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