17.0 La Cosmética y la madre que la parió
Como quiera que los sanmarineses no iban a ser menos que los autóctonos en el ranking de cometer estupideces, hacia 2014-2015 a Filemón se le ocurrió resucitar una gama de productos para Cosmética que se había dejado de fabricar hacía décadas, bajo la (no tan descabellada) idea de que el margen de este tipo de productos está muy por encima del de la media de los productos “de siempre”. Así que tras recopilar datos y obtener la oportuna bula ingenieril, se le apareció al Emérito como la Virgen (se ha dicho ya que era un meapilas, ¿verdad?), acompañado de un consultor externo y le preguntó si sería posible volver a fabricar aquella gama. Téngase en cuenta que aquellos productos se habían fabricado en una planta que se había cerrado bastantes años antes del traslado a la España Profunda y que los equipos necesarios se habían vendido o achatarrado. Pero el Emérito, ni corto ni perezoso, le dijo que por supuestísimamente, y además con una inversión modesta. ¡Para algo disponía el grupo en España de una fábrica moderna y competitiva de 80.000 m2, que solo requería algunos arreglillos! Con una inversión ridícula de apenas 300 k€, se podía fabricar cualquier producto de la antigua gama en cualquier cantidad (lo que se llama en química MOQ, o cantidad mínima de pedido). Se ve que al decir esto no se le escapó la risa ni nada. ¡Lo que tiene ser un mentiroso profesional!
Y claro, esto fue posible porque hemos de decir que, igual que el garçon chupaba el culo del Emérito, en San Marino se daba por cierto que Filemón hacía lo propio con el del ingeniero, el cual supuestamente habría tapado cierta “creatividad” de Filemón en su currículo, de la misma forma que un buen capo tapa las vergüenzas de su sottocapo para asegurarse de que se mantiene la omertà. Se supo de una fuente de confianza que los altos mandos de StiCazzi naturales de países anglosajones pusieron el grito en el cielo (para un anglosajón, mentir en un currículo es un pecado mortal), pero siendo latinos la mayoría de altos mandos (llamados dirigenti), seguro que lo encontraron un mero pecadillo venial. Desde luego, con lo meapilas que es el julay, esta retórica del pecado le sienta como un guante. Así que el ingeniero, con el nihil obstat del Emérito, bendijo la idea de Filemón que, antes de esta movida, llevaba dos años comiéndose los mocos en el Benelux, en otra unidad de negocio dirigida por un flamenco más seco que la mojama. Para él, resucitar la Cosmética fue una forma de escapar del exilio beneluxense.
Y en 2016, tras llevar a cabo cuatro arreglillos en Planta, pergeñar un fantasioso catálogo, del que las tres cuartas partes de los productos no se habían fabricado en décadas y sin que nadie se hubiera molestado en hacer pruebas (ni siquiera de laboratorio; lo de planta piloto es para mariquitas) para ver si aquello era posible, la Empresa saltó al ruedo con las materias primas para Cosmética, bajo la batuta de Flavio Pecorelli (un reconocido experto en el asunto) en la parte comercial, con Filemón como sursum corda y Francesco Calderone (que es cosmetólogo), primero a las formulaciones y luego al márketing (y a llevarle el botijo a Filemón). Tanto creían en StiCazzi en el proyecto (¡juás!) que asignaron un solo vendedor a tiempo completo (una chica a la que se querían fumigar en otra división y que el ingeniero obligó a Filemón a repescar, en pago de su aquiescencia), la mitad del tiempo de un vendedor de otra unidad de negocio, y el 30% de Froilán.
Empezaron el asunto en 2016 con Froilán, sin darse cuenta de que la Cosmética es un asunto donde dominar el inglés y tener una base técnica no es que sea necesario, es imprescindible. Froilán es uno de los mejores vendedores que existen, con una empatía tremenda y un conocimiento enorme del mercado de DESASTRE S.A. (lleva unos 15 años en el garito), pero ni habla inglés ni sabe de química, lo que le representaba un hándicap notable. Pero ni eso le impedía vender Cosmética (es así de grande), el problema es que el garçon odiaba el asunto (porque allí mandaba Filemón, y no él) y le ponía a Froilán todos los palos en las ruedas que podía (y eran muchos). Además, todo lo que le había contado el Emérito a Filemón y a Flavio Pecorelli sobre la Cosmética era rigurosamente falso: en la planta de la España Profunda jamás se había fabricado un solo kilo de las tres cuartas partes de los productos de la gama, pero es que además son unas instalaciones utilladas para fabricar lotes de 20 TM (camiones completos), mientras que en Cosmética, si vendes 1.000 kg triunfas como la Coca Cola. El baño de realidad que se dio Filemón con la planta fue épico. Cuando, hacia 2018, Flavio Pecorelli tiró la toalla y se fue a una empresa seria, Jaimito estaba empezando a ver cerrarse las fauces del Emérito y del garçon sobre su persona, tras dejarle sin el 80% de su perímetro de clientes así que jugó la carta de la Cosmética: habló con Filemón, le dijo que era químico, que hablaba inglés como un nativo y que tenía experiencia en Cosmética (todo ello cierto) y que, enterado de la marcha de Flavio, se postulaba para su puesto.
Conocedor de la mala leche que se gastaba la plana mayor, intentó que Filemón fuera discreto y no dijera que había sido él quien había tomado la iniciativa de llamarle pero, o no le entendió, o le dio lo mismo. El resultado fue que, en lugar de darle el puesto de Flavio (que hubiera supuesto depender de Filemón al 100%, escapar del yugo del Emérito y, por supuesto, cobrar más pasta), le intercambió por el 30% de Froilán que ya tenía y así se apuntó ante el ingeniero el tanto de ahorrarse un sueldo, al parecer nada modesto, y así pasó a depender al 70% de la plana mayor y al 30% de Filemón, pero ello le granjeó el odio africano del garçon y una bronca mayúscula de éste y del Emérito que le hicieron un tercer grado de película sobre por qué había osado hablar con Filemón sin pedirles primero la venia a ellos. Pero como el reparto ya estaba hecho y para echarle necesitaban el visto bueno de StiCazzi, la arriesgada apuesta dio frutos y tuvieron que aparcar su maniobra de acoso. Eso sí, desde aquel momento, el garçon no disimuló en nada su odio. Durante la mega bronca, el muy imbécil no dejaba de chillarle al Emérito: “¡No quiero a ese tío en mi equipo!”. Si en realidad cree que lo que tiene es un equipo comercial (y no un cortijo), es que además de un imbécil es un iluso.