12.0 Los recursos (in)humanos
Veterano (pese a su juventud) de la antigua ubicación de Fábrica, oficiaba aquí Rodrigo Vico, primo de Martina, y un excelente chaval con quien Jaimito discrepaba abierta pero muy cordialmente en temas futboleros, puesto que uno era merengue y el otro culé. Fue él quien le llamó para la entrevista cuando envió el currículo, puesto que en aquella época se encargaba del filtrado previo. Entonces Jaimito no ató cabos porque se fijaba en lo del grupo StiCazzi, y no en DESASTRE S.A. (a la que conocía de pasada de su etapa en Oleastrum) pero, una vez fichado, apareció un rastro de una visita suya a la antigua fábrica, en la que se reunió con el propio Emérito hacia 1997, para proponer algún cambio de cromos (yo te doy un producto que tú no tienes y tú me das otro que yo necesito). Entonces recordó dicha visita y, de paso, al propio Emérito, pero ya era tarde.
Sin embargo, estábamos hablando de Rodrigo, que vivía cerca de la antigua fábrica y que por lo tanto tenía un tiempo de desplazamiento muy superior al resto (por no hablar de atascos). Por ello, entraba más tarde (y por lo tanto salía más tarde). ¡Craso error! Porque todos se iban y él se quedaba a solas con el miura que, aburrido, sólo le podía empurar a él. A nadie extrañará que Rodrigo aguantara hasta el nacimiento de su primer hijo pero, a medida que el Emérito le retenía horas y horas por la tarde en el despacho con el motivo más fútil, se amargara de no poder llegar a casa temprano para estar con su chaval (bueno, y por las broncas, claro), hasta el punto de pillar una fuerte depresión que le tuvo unos seis meses de baja. De la depresión en España se ha abusado tanto que parece un sinónimo de no querer trabajar, pero la verdad es que Roberto lo pasó muy mal. Y claro, al volver, la plana mayor ya le había puesto la etiqueta de disidente; dice radio macuto que en este caso fue Alicia la que pidió su cabeza y que el Emérito acabó por concedérsela. Hicieron un (irrisorio) intento de pagarle menos de lo que le correspondía pero claro, tratándose de un especialista en RRHH, a Noé le vas a hablar de lluvias, acabaron pagándole lo que le tocaba (contemos entre 40 y 50 k€).
Tras Roberto, entró una colombiana muy maja, que atendía por Penélope Muñoz, que los tenía muy bien puestos, y que por tanto pasó pronto a no ser santa de la devoción de la plana mayor, sobre todo del Emérito y sobre todo porque no le aguantaba chorradas. Consta que se la quiso cargar más de una vez, pero la necesitaba así que aguantó… hasta que ella se largó por sí misma, harta de tonterías.
Tras Penélope entró Bella Longoria, una chica excelente, originaria de la España Profunda, que se encontró enseguida a sus anchas en la oficina y a quien siempre se podía recurrir para que echara un cable con algún tema laboral.
Por cierto, DESASTRE S.A. es ampliamente conocida en la Magistratura de Trabjo, tanto de su región de origen como de la España Profunda y, pese a que siempre intentan no pagar (lo de Roberts fue un ejercicio de inutilidad sólo acorde con el grado de estupidez de Mortadelo y del garçon), los jueces les tienen tan calados que siempre acaban pagando lo que toca (y a veces más). Cuentan los viejos del lugar que cierta vez el Emérito se quiso cepillar por la patilla a un técnico de planta con mucho pedigrí quien, en el acto del despido, le explicó detalladamente al susodicho que tenía grabadas todas sus broncas a voz en grito, por lo que éste cerró un improcedente sin discutir para evitar males mayores… y pagando. Por cierto, no es el único que tiene grabaciones de los chillidos del Emérito.
Bueno, con la gente que ha salido rebotada de la Empresa a lo largo de los años se podría cubrir la plantilla entera de unas cuantas de las mismas dimensiones, pero a destacar que en menos de un decenio pasaron cuatro responsables de calidad, cuatro directores de planta, mogollón de técnicos (y un suponer que decenas de operarios pero, con estos últimos, el equipo comercial tenía poco trato). Algunos salieron directos al psiquiatra, abrumados por las constantes broncas del Emérito, siempre a voz en grito y siempre pungentes porque, a diferencia del garçon que no tenía ni puta idea y directamente se inventaba las cosas (o se las dictaba el alcohol), el Emérito sabía muy bien dónde buscar las vueltas y cómo herir creando inseguridades porque, con lo retorcidos que eran los procesos en aquel garito, nunca se podía estar seguro de haber seguido el procedimiento correcto, y no hacerlo era falta grave. Hubo (bastante) gente que tuvo problemas psiquiátricos y algunos, con la bebida. Catalina Lombarte se salvó por dos veces de la picadora de carne del Emérito al sufrir primero una enfermedad grave (de la que por cierto se recuperó fenomenalmente) con la correspondiente baja médica y luego al tener una criatura (lo que generó la oportuna baja maternal). Al volver de la segunda, el otro ya había perdido interés en cargársela y “es para mí motivo de hondo orgullo y satisfacción” que siga al pie del cañón. Un abrazo. Poco después de la jubilación de Jaimito, Catalina entregó la carta de dimisión y se fue a una empresa seria.
El párrafo anterior estaba focalizado en Planta, pero en Oficinas, y sobre todo en Compras (que era un corralito aparte del Emérito), también pasó en ese tiempo un montón de gente (alguna muy válida, otra no) algunos con contrato (y otros de ETT) entre ellos una chica rusa (Oleksana), otra ucraniana (Valentina) y media docena de autóctonas, una bandada de becarias (que hacían trabajos que no correspondían a su estatus, en flagrante violación de la ley, lo mismo que los de ETT) e incluso el chico ruso (Miroslav) del que ya se ha hablado (pobrecico, no se enteraba de nada).