11. El equipo administrativo

 


El grupo de manillares de bicicleta que trabajaba bajo la batuta (es un decir) de Alicia consistía, para empezar, en Jacobo-Alonso Hurtado, a quien afablemente se denominaba ‘el margrave’, un tipo excelente y cordial, que había llegado al penal a la vez que Alicia, procedente de la misma antigua multinacional, casa madre de DESASTRE S.A. en los viejos tiempos. De hecho, se dice que cuando la Empresa fue independizada (o se la quitaron de encima), aprovecharon para colocar en ella a toda la gente que estorbaba en el otro lado. De Alicia se puede creer, porque su competencia deja que desear, pero de Jacobo-Alonso no, porque es un lince. Ahora bien, es del tipo de persona a la que le gusta pasar desapercibida y no asomar la testa más de la cuenta, para que no se la corten.

 

Su puesto era un tanto ambiguo, porque se ocupaba de las inversiones, el mantenimiento, las compras de equipos, los contratos de servicios (suministros, pero también coches de empresa) y los seguros; en la descripción del principio figura como factótum porque es la mano derecha de Alicia (igual que antes fuera del Emérito) y es extremadamente competente. Le quedará a lo sumo un añito para jubilarse, porque tiene más mili que el palo bandera.

 

Un fichaje reciente, África Valls, es una chica muy inteligente a la par que simpática, que vino a cubrir el puesto de Desirée Castro en contabilidad (pagos y cobros). Poco se puede contar de ella, salvo que se integró rápidamente en la Banda de la Cocina (luego se cuenta) y en general en la dinámica de DESASTRE S.A. (lo que a lo mejor indica que venía de un garito aún más espantoso, si cabe). Si es así, lo que se ha encontrado es un remanso de paz en lugar de lo que había con el Emérito.

 

Su predecesora, Desirée, había a su vez sustituido (mediante un contrato de relevo, todo un hito en la Empresa) en el cargo a Catalina Contreras, que se fue jubilando "a pequeñas diócesis". Desirée era una chica muy capaz, y muy maja personalmente, a quien le afectaba sobremanera la bronca impenitente del Emérito, pero también el desgobierno general imperante en el garito. Harta de que no la valoraran (o sea, de que las subidas de sueldo fueran las del convenio y punto, a diferencia de los empoderados, que cada año recibían un aumento aparte) empezó a echar currículos, la llamaron y un buen día entregó la carta de dimisión, para sorpresa de Alicia quien, además, reaccionó de forma rastrera. Primero intentó hacerle una contraoferta a marchas forzadas, a lo que Catalina se negó, y luego le dijo que no podía irse con sólo quince días de preaviso, so pena de perder parte del finiquito. Eso era cierto (su grupo profesional estipulaba treinta días) pero impresentable a más no poder. Por suerte, prevaleció el sentido común, se atrasó quince días la fecha de la carta de dimisión y santas pascuas, pero no sin que Desirée se hinchara a llorar, la pobre, por tanta falta de delicadeza. Por suerte, fueron las últimas lágrimas (por desgracia no las primeras) que tuvo que derramar a cuenta de DESASTRE S.A.

 

Por último tenemos a Rigoberto Hidalgo (alias Pedro, el amigo de Heidi), que sustituyó a la antigua controller (Diana Alcácer) al fallecimiento de esta. Este puesto es de confianza de la Empresa y, si no eres un especialista en triples y en tiros libres, la cosa no funciona. En el caso que nos ocupa, y por mucho que la relación con el resto de manillares de bicicleta era superficialmente cordial, la dualidad que comportaba su estatus hacía poco por situarle a la misma altura que el resto. Vamos, como si fuera un kapo de barracón en Dachau: por una parte, judío como todos, pero por otra parte, con demasiada buena relación con las SS.

Entradas populares de este blog

3.0 El Emérito

2.0 El aterrizaje y los apodos

5.0 La Fábrica